Hace unos años escribí que Menorca es perfecta, o casi. Escribí que es el complemento elegante, silencioso, tranquilo y sutil de una isla más espectacular, ruidosa, montañosa y bulliciosa como es Mallorca. Tan cercanas, tan lejanas, tan iguales, tan diferentes.
Poco más puedo añadir. Sigo suscribiendo todas y cada una de esas palabras.
Menorca es el verde de sus campos, el azul de sus aguas y cielos, el blanco de sus casas, el amarillo de sus flores que colorean los campos en primavera. Menorca es las vacas, las carreteras tranquilas, los puertos naturales que ha colonizado el hombre, el viento que azota sus campos desde cualquier dirección, los faros que recuerdan a los navegantes que ahí, entre aguas turbulentas, hay tierra firme.
La isla blanca, la isla del viento, la isla de los campos, la isla plana.
El otro día, dejé Menorca echando de menos la época en la que viví allí, lo que no deja de ser curioso, porque yo nunca he vivido en esa isla.
Las fotos son de estos días en Menorca. Con el móvil, con la compacta y con la réflex. De todo.
Qué preciosidad de isla. Me encanta ese faro :_)
ResponderEliminarMenorca es PAZ. ¡Qué bonita que es! :)
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