Tampoco tengo un criterio claro en cuanto al orden de leer los libros. Cojo del estante el que me apetece, no me importa si es la última incorporación o uno que compré un par de años antes. Simplemente, leo el que en ese momento me llama. A veces he pecado de ordenada y he intentado leer un libro que había comprado hace mucho, para que los nuevos no le ganaran la batalla. Fracaso total. He empezado libros que he dejado a medias hasta que realmente ha llegado su momento. Hay un momento para cada libro y cuando le toca, le toca. Ni antes, ni después.
Por eso no entiendo muy bien por qué quise un lector. No parecía necesitarlo, no debería, pero me apetecía. Y en el mes y pico que hace que lo tengo, creo que me gusta, y mucho. El lector tiene algunas ventajas respecto a los libros. Es pequeño, manejable y poco pesado. Cuando viajas con relativa frecuencia, se agradece. Y se agradece sobre todo si tienes varios libros en marcha, cosa que odio, pero a la que me veo obligada al compaginar la lectura de mi clase de inglés con mi lectura por ocio. O si tienes un libro que sabes que acabarás en el primer vuelo de tu viaje. Llevas 2, 3, 5 ó 100 libros en el espacio que ocupa menos que uno en papel.
Otra ventaja es conseguir libros que no encuentras, libros que buscas y no aparecen o, simplemente, libros que no has buscado suficiente. Vas a Internet y ahí están. También está el precio. Hay muchos libros gratuitos, muchos legales y muchos ilegales. Puedes conseguir libros por los que sientes cierta curiosidad pero por los que nunca pagarías 10 ó 20 €. Los consigues y los lees. Te pueden gustar o no. Pero no te arrepientes de haber mal invertido esos 20€.
Además, tengo la sensación de que con el lector leo más. No sé si por curiosidad o porque ahora tengo más tiempo después de la tesis, pero sí que leo más. También puede ser porque estoy empezando a superar mi animadversión a compaginar varios libros. Nunca me ha gustado, pero me he descubierto a mí misma con no dos, sino tres libros diferentes en marcha: uno en papel de ocio, el de inglés y uno en el lector. Sonará extraño, pero tengo la sensación de que al ser soportes y/o idiomas diferentes no son incompatibles, qué chorrada, ¿no?
La principal desventaja que de momento he descubierto en el lector es que, cuando vuelas, no puedes leer durante el despegue y aterrizaje. Sí, no es un gran trauma, pero cuando los vuelos son cortos, el tiempo real de lectura en un avión se reduce considerablemente. Sí, siempre hay otras cosas que hacer: mirar por la ventana, leer las revistas del avión, revisar algunos papeles de trabajo o simplemente, nada. Curiosamente, en mi último viaje, el primero con mi nuevo lector, suplí esta carencia sin casi planteármela: en el aeropuerto de salida, vi un libro que me tuve que comprar. Inevitablemente. Lo vi y pensé “tengo que comprarlo”. Me resistí un poco, algo así como treinta segundos. Lo cogí, leí la contraportada y supe que ya era mío.
Resumiendo, tengo un lector de libros electrónicos nuevo, rojo, precioso y lleno de libros por leer, regalo de mi hermana. Y tengo una funda nueva, roja y maravillosa para el lector, regalo de mis amigas. ¿Qué más se puede pedir?
En las fotos, mi lector y mi funda. Preciosos, ¿verdad?
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