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jueves, 9 de marzo de 2017

Jersey espiral

La historia de este jersey comenzó hace un año, cuando aproveché las rebajas de final de temporada de la mercería de mi barrio para aumentar mi alijo lanero. Como ya conté en su día, en un principio pensaba tejerlo con la lana con la que al final tejí el Bite Sweater, pero me parecía que con un color tan liso quedaría aburrido. Al final, aproveché doblemente las rebajas y compré también esta lana en tonos marrón. (Nota: por si alguien se lo pregunta, sí, este año he vuelto a aprovechar las rebajas de fin de temporada y ya tengo en mente una chaqueta que me quiero hacer para el invierno que viene).

Como mi alijo de lanas crece a mayor velocidad de la que yo tejo (y eso que me controlo mucho, mucho), no ha sido hasta este invierno cuando me puse a tejerlo. Es un jersey que se teje rápido, con agujas circulares, no tiene costuras, por lo que es relativamente sencillo. Yo tenía poca (poquísima, pero algo) experiencia con las circulares y ha sido maravilloso, la verdad. Me ha gustado mucho tejerlo, me he divertido y me gusta come me ha quedado. Me va un poco justo, pero ya está bien de jerséis súperanchos, alguno ajustado tenía que tener. Creo que el degradado de la lana lo hace divertido y no me extrañaría que volviera a tejer otro jersey como este en algún momento. El patrón es de aquí.


Hace ya un par de semanas que lo tejí y lo he usado ya varias veces. Ahora que viene el buen tiempo, supongo que no lo podré usar mucho más, pero estrenar está estrenado. Y ahora he vuelto a un proyecto que tengo en marcha desde el verano pasado, un jersey de algodón que me gusta mucho como está quedando. Ya voy por las mangas, espero poder estrenarlo esta primavera. Yo creo que sí.

Y como es jueves, me voy a RUMs.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Bite Sweater bicolor

Tejí mi primer Bite Sweater de Pearl Knitter hace dos inviernos, como ya conté por aquí. Aquel fue un regalo para mi hermana la gafapasta y ya entonces dije que me había gustado tanto tejerlo que cualquier día me tejía uno para mí.

Sorprendentemente, lo he cumplido.

Esta vez lo he tejido a dos colores, aunque fue un poco por accidente.

Todo empezó a final del invierno pasado cuando encontré una oferta de lanas en la mercería de mi barrio. Eran de la misma marca y grosor de las que tejí el Bite Sweater inicial, así que era una lana que ya sabía que me encantaba. La compré pensando en tejer este jersey circular, pero me pareció que sería un poco soso, tan monocromático. Así que otro día aproveché de nuevo la oferta de lanas y compré madejas de colores degradados para tejer el circular (y en ello estoy) y decidí hacerme el Bite Sweater con las lanas originales que había comprado. Pero claro, ahí había un problema: me faltaba lana. Así que volví a la mercería a ver si encontraba más ovillos del mismo color. No los había. Pero me hice con un par de ovillos de otro color que quedara bien con el original. Y así es como surgió mi Bite Sweater bicolor.

Lo primero que me llamó la atención es lo diferente que estaba tejiendo respecto al anterior Bite Sweater: aunque pensaba que no hacía falta, tejí una nueva muestra con la nueva lana (repito mismo grosor, misma marca) y me sorprendió comprobar que ahora tejo más suelto (bueno, tejía más suelto hace casi un año, cuando empecé le segundo. A día de hoy, vaya usted a saber). Así que tuve que recalcular tallas y medidas. Luego ya me lancé a tejer. Pero el frío (el poco frío que hizo el invierno pasado) acabó y no acabé el jersey. Así que hace unos días decidí que iba siendo hora acabarlo y así lo hice. La verdad es que me quedaba muy poco, sólo los puños, coserlo y rematarlo. Y por fin lo conseguí: ya tengo mi Bite Sweater bicolor.

Ya lo he estrenado y me encanta. Eso sí, los puños me han quedado más estrechos de lo que inicialmente tenía previsto. No sé si es que he vuelto a tejer más apretado (creo que sí), pero la verdad es que así también me gusta. Así se queda.

En las fotos, mi Bite Sweater bicolor. Orgullosa estoy de él.

Y como es jueves, toca RUMS.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Un jersey a rayas de colores


Aunque parezca increíble, la historia de este jersey empieza con una manta. En concreto, con ésta. Aquel proyecto solidario desembocó en una rutina maravillosa: si hoy es jueves, tejemos juntas. Así, lo que empezó como una quedada semanal para tejer en compañía mantas solidarias acabó como una quedada semanal para tejer en compañía… lo que sea. Cada una con nuestro proyecto, cada una a nuestro ritmo, nos reunimos los jueves en Lady Muà y tejemos.



 Y de tanto tejer, de repente nos vimos rodeadas de hilos de colores y de proyectos y de ideas y de patrones… Y no sé cómo (bueno sí, “Qué bonito es este jersey”, “Sí, es muy chulo”, “Vaya, sí, qué bonito”), pero acabamos tejiendo unas cuantas el mismo proyecto, este jersey de rayas de colores que tengo ya ganas de estrenar, aunque hace aún aquí demasiado calor para llevarlo. Y eso que el algodón es fino y muy suave, muy agradable para tejer.

Creo que me ha quedado un poco corto (y holgado), no sé por qué pero tengo tendencia a hacer los jerséis cortos con las agujas y mira que me gustan más larguitos. Pero bueno, tendré que esperar a estrenarlo para opinar. Cualquier día nos reunimos todas tejiendo con nuestros jerséis de rayas de colores, jeje.

Qué bien, por fin, más de medio año después, he acabado un proyecto con las agujas. A ver si liquido ya unos varios proyectos más que tengo pendientes, que tengo otros ya en mente…

Y, como es jueves, hoy toca RUMS (y tocaría tejer, pero hoy no puedo, jo).

http://rumsespana.blogspot.com.es/

jueves, 25 de febrero de 2016

La bufanda namibia

 El invierno pasado, tejí muchas bufandas, ninguna para mí. Este año quería corregir este pequeña absurdidad y me puse hace ya unas cuantas semanas (diría que incluso meses) a ello. Lo tenía bastante claro: quería una bufanda larga, muy larga y no muy ancha.

Así que eso es lo que hice.

Tampoco quería complicarme mucho la vida con puntos raros y me decanté por el punto de arroz, que me encanta. La lana es jaspeada, suave y fina, que me traje de uno de mis viajes a Namibia, aunque no recuerdo de cuál. Es una lana muy gustosita, de esas que no pican ni molestan casi. Ideal para una bufanda no demasiado gruesa, muy adecuada para este invierno que casi ni parece invierno. Según iba avanzando, me di cuenta de que probablemente el punto de arroz no es el más adecuado para lana jaspeada (creo que luce más en lanas lisas), pero no quería parar así que seguí y seguí.

Por fin, dos madejas de lana después, la he acabado. Con sus flecos y todo. Es una bufanda agradable y que me encanta. Desde que la terminé, no uso otra. De verdad que me encanta. Además, he conseguido bajar mi alijo de lanas en dos madejas. Oye, algo es algo.

Y aunque sigo tejiendo cosas de invierno, habrá que ir empezando a pensar en la temporada veraniega, ¿no?

Aprovecho que es viernes y paso por RUMS.

jueves, 28 de enero de 2016

Dumb Cardigan

Ahora que le he perdido el miedo a tejer jerséis, necesitaba un nuevo reto acorde a mis inquietudes tejeriles. Me gustan los jerséis pero la verdad es que soy más de usar chaquetas: son más fáciles de quitar y poner. Y justamente me encontré con uno de esos proyectos conjuntos de Pearl Knitter y me animé a tejer una Dumb Cardigan.

Me ha encantado tejer esta chaqueta. Supongo que en parte es porque la he tejido bastante rápido, aprovechando las Navidades. Además, trabajar con agujas gruesas siempre es agradable porque se avanza rápido. No me ha resultado un proyecto complicado y he logrado corregir algunos fallos de proyectos anteriores: el largo es exactamente como quería. Incluso las mangas, que acabé adaptando a mis gustos más que al patrón (aunque igual ahora son incluso un poco demasiado largas). La verdad que esta vez me ha salido todo como quería. Estoy encantada. La lana es maravillosa y los botones los compré en la mercería de mi barrio.



Aunque es una chaqueta gruesa, me cabe bien bajo el abrigo y, a pesar de que este año no está haciendo demasiado frío, es estupenda para llevarla por la noche y durante el día en el trabajo, ya que suele hacer bastante frío por los pasillos. La he estrenado esta semana y ya la he usado tres veces. De verdad que me encanta.

Creo que sería chulo hacer una igual pero de lana más fina o de algodón, para llevarla en épocas menos frías (cada vez más habituales últimamente, por lo que parece). Se me acumulan los proyectos, pero es una idea para la lista de espera.

Y ya que es jueves, enlazo en Rums.

jueves, 7 de enero de 2016

Jersey de pico

Compré la lana de este jersey hace dos inviernos. La vi y me fascinó. Entonces, novata yo, sentía una clara fascinación por las lanas de colores y las lisas me parecían aburridas. Ahora las lisas me parecen aún más fascinantes que las coloridas, porque puedes lucir más algunos puntos que, en lanas de colores pueden pasar desapercibidos.

La cuestión es que me gustó la lana y la compré pensando en un patrón determinado que había visto en una revista. Han tenido que pasar dos años hasta que me he animado a tejerlo. Es un proyecto sencillo, no he tardado mucho en tejer este jersey de pico, aunque tuve que deshacer la espalda porque calculé mal y cabían dos yos. Me ha quedado más corto de lo que tenía planeado y las mangas son muy anchas, sobre todo por la parte de arriba; son casi mangas abullonadas (un horror, vamos). Igual me animo y las deshago y las vuelvo a hacer, aunque me da un poco de pereza, viéndolo así, tan acabadito él.

De momento aquí lo tengo, un jersey de lana gruesa de colores, demasiado gruesa para este invierno que no acaba de ser invierno. Es muy calentito, así que sólo lo he usado una vez, la noche de Reyes, que creo que ha sido el único momento en el que la temperatura bajó de 10ºC. Como siga este tiempo cálido, tendré que dejar de tejer lana en invierno y pasarme al algodón durante todo el año.

De este jersey me encanta el cuello. Era mi reto en este proyecto porque nunca había tejido un cuello de este tipo y encima con agujas circulares. Pero salí bastante airosa y creo que es lo que más me gusta del jersey.

Y como es jueves, aprovecho y enlazo en RUMS. :)

miércoles, 28 de octubre de 2015

Deshaciendo

Los hilos que ilustran esta entrada eran, hace un rato, la espalda (y parte del delantero) de un jersey. Lo he deshecho todo porque, aunque estaba quedando bien, en algún momento me lié con las medidas y las proporciones y estaba quedando muy grande. Demasiado. Le sobraban veinte centímetros de ancho. Así que, aunque me duele mucho deshacer, he deshecho.

Deshacer algo que tenías a medio tejer es aceptar que lo que habías hecho estaba mal, que no es lo que querías o lo que esperabas, que si sigues por ese camino, conseguirás algo que no es lo que planeabas. Deshacer implica que todo el trabajo que has hecho hasta ese momento, no sirve de nada, que tienes que volver a empezar de cero, que tienes que aceptar la derrota, que te han expulsado de la carrera y tienes que volver a la casilla de salida y empezar de nuevo.

Quiero pensar que, cuando deshago, aprendo. Eso es lo que dicen, cada vez que deshaces, todo lo anterior no cae en saco roto, aunque lo deshagas, aunque ya no exista, en el proyecto has aprendido muchas cosas, tanto haciendo como deshaciendo. A veces aprendes que debes ir con más cuidado cuando tomas medidas o haces cálculos, a veces aprendes que hay cosas que se te irán de las manos aunque creas que las tienes controladas, a veces aprendes que es mejor parar y rectificar que ser cabezona y seguir adelante.

Sin embargo, cada vez que deshago siento la sensación del fracaso. Fracaso de todo lo que no he hecho bien pero, sobre todo, fracaso por todo ese tiempo que he invertido y cuyo esfuerzo no se verá nunca reflejado. En realidad, supongo que sí, que ese esfuerzo quedará patente en el resultado final, que será mucho mejor una vez rectificado que si hubieras seguido adelante haciéndolo mal. Pero me cuesta verlo de una manera tan positiva, ver más allá del fracaso de tener que volver a empezar, de obviar todo lo hecho hasta ese momento.

Por si no os habéis dado cuenta, no hablo sólo de lanas. Hablo de preparar proyectos que luego no llegan a ningún lado, hablo de pasarte horas preparando currículos para un puesto que no te van a dar, hablo de relaciones que intentas hacer funcionar, hablo de dedicarte horas y horas de tu vida, muchas ilusiones y esperanzas, mucho esfuerzo invertido que luego, por cualquier motivo, se lo lleva el viento. Al principio, cuando empiezas con algo de eso, tienes la ilusión y la esperanza de que sí, que todo va funcionar perfectamente. Luego, hay un punto en el que empiezas a dudar. A veces sabes que debes parar ya y no seguir, pero a veces sigues esforzándote porque crees que oye, tal vez sí, y le dedicas aún más tiempo. Y luego, cuando por fin llegas al final, cuando ves que no ha servido para nada, porque ya tiras la toallas porque no te queda otro remedio, miras atrás y maldices el tiempo invertido en ese proyecto, en esa relación, en “eso” a lo que dedicaste tanto y no sirvió de nada.

Supongo que, con el tiempo, acabas aceptando que sí, que hasta de esas negativas y esos proyectos frustrados aprendes cosas buenas. Que el próximo irá mejor, porque ya tienes la experiencia previa, pero también tienes más miedos. Porque sabes que por mucho tiempo que le dediques, por mucho esfuerzo, puede salir mal. Y no te queda otra que pararte, respirar, deshacer el camino andado o los hilos tejidos y volver a arrancar. Con fuerzas, ilusión pero con un punto de precaución que, hasta entonces, no tenías.

Creo que a eso se le llama madurar.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La manta de la vida

El otro día hablaba de una lectura conjunta y hoy voy a hablar de un proyecto con agujas conjunto. No es la primera vez que tejo en grupo, de hecho es algo que me gusta mucho, pero sí es la primera vez que tejo con fines solidarios.

“La manta de la vida” es un proyecto que surgió de un grupo de tejedoras decididas a hacer algo por el pueblo sirio. Ellas, como muchos otros, han sentido la frustración de ver lo que pasa en Siria, con una guerra que ya dura demasiado y que únicamente ha parecido tomar relevancia en las últimas semanas, cuando la ola de refugiados sirios ha llegado a Europa. Y formaron un grupo en facebook, un grupo de tejedoras, para tejer mantas que se harán llegar a Siria a través de la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio. Un grupo que ya cuenta con más de tres mil tejedoras y al que me apunté, sin saber muy bien si sería capaz de tejer una manta o no.

No sabía muy bien qué hacer o cómo empezar. Con otro proyecto en marcha en el que me cuesta avanzar y una semana por delante en la que sabía que, si tejía, debía ser algo sencillo, que me resultara fácil, ameno y agradecido, no sabía cómo hacer una manta ni qué lana usar. Al final, el desencadenante vino de un mensaje de Clara de Pearlknitter: ahí tenía el patrón de una manta preciosa, con un punto maravilloso y fácil de hacer. Era justo lo que necesitaba, en el momento preciso en el que lo necesitaba. Y recordé la gran cantidad de lana gris, gruesa y calentita que me sobró del primer jersey que tejí.

Y me puse a ello.

Y en unos días, tuve mi primera manta. De forma casi cuadrada (85 x 76 cm) pero es resultado de la lana que tenía. Y de tejer así a lo loco, como hago yo.

Así que tengo una primera manta ya lista y en proyecto tejer algún trozo más para unirlo a otros trozos de otras tejedoras de la isla. Porque “La manta de la vida” se nutre de mantas individuales, mantas grupales, mantas a ganchillos y mantas a crochet.

Porque quienes tejemos, tenemos un súperpoder. Y sabemos utilizarlo.

Aquí van las fotos de mi manta, instrucciones para participar y mucha, mucha información sobre el tema.




jueves, 6 de agosto de 2015

Proyecto final


Yo en verano también tejo. Con dos agujas. Que sí. Tejer no es de gente mayor. Ni exclusivo de invierno. Aunque mucha gente lo siga viendo así, como un pasatiempo invernal de las abuelas. Yo lo he dicho alguna vez, creo, a mí tejer me relaja al máximo. Me sirve para desconectar y me ha enseñado muchas cosas. La primera, a ser paciente. Cuando me pongo con un proyecto, quiero tenerlo listo ya. Y tejer no es así. Tejer me ha enseñado a calmarme y a comprender que las cosas, a veces, llevan su tiempo.

Como decía, yo .también tejo en verano. No grandes bufandas de lana gruesa, sino cosas más veraniegas (o no, porque el verano pasado empecé un jersey de lana que no acabé hasta muchos meses después). Este verano voy tejiendo cómo y cuándo me apetece. Y la propuesta de Pearl Knitter de su proyecto final me apetecía mucho. Lo empecé en primavera y lo acabé en verano. Me salió un proyecto viajero, se vino conmigo a Milán (donde tejí algo) y a la segunda ronda del Festival de Primavera (donde no tejí nada). Escogí los tonos rosas porque… bueno, ellos me escogieron a mí… bueno, los escogió por mí la de la mercería de mi barrio. Y oye, acertó totalmente. No sólo en el color, sino en el algodón. Ha sido maravilloso trabajar con él, lo he disfrutado mucho, mucho, mucho.

Y un buen día en el mes de julio, estrené mi jersey rosa, que sólo tiene dos fallitos que no los vais a ver, porque los he disimulado bastante. Y yo, tan contenta.

Las fotos son todas hechas con el móvil. Ni una foto tengo con ninguna de mis cámaras. Y, a estas horas, está ya muy oscuro para hacer fotos decentes

Y aunque justita, justita, ¡llego a Rums!



domingo, 24 de mayo de 2015

Proyectos tejeriles

Estoy en mitad de una vorágine viajera laboral intermareal (considerando intermareal el período comprendido entre dos Festivales de Primavera, en mi caso), que en menos de una semana me ha llevado a Bruselas y a Milán, donde he aterrizado hoy. La cuestión es que no me da la vida (para vivirla) y tengo demasiadas entradas en el tintero, así que he decidido agrupar los proyectos tejeriles de varios meses en una única entrada. Espero no pasarme de larga.

Pearl Knitter es un proyecto de una madre e hija sevillanas, amantes de las agujas, que descubrí un día no sé cómo ni dónde. Este invierno he tejido con ellas dos proyectos: un Bite Sweater maravilloso (en un Tejemos Juntos que me encantó, por lo de conocer a otra gente que comparte no sólo tu afición sino, en este caso, el mismo proyecto) que fue regalo de cumpleaños para mi hermana y unos patucos (que juro, juro, juro que aparecieron como un milagro entre mis agujas, ni idea de cómo los hice) que van a acabar siendo otro regalo, porque a mí me van grandes. Tengo pendiente adaptar otros para mi talla pero ahora que ya es primavera, me he lanzado a otro proyecto (¡¡muy rosa!!) en algodón, que ya mostraré en su momento.




Otro proyecto que acabé este invierno fue un cuello multicolor que me pidió una amiga hace un año (sí, soy un hacha con esto de las agujas). El problema es que lo dejé en punto muerto mucho tiempo y, cuando quise retomarlo, no recordaba cómo se hacía el punto, así que tocó deshacer y empezar de nuevo. Lo acabé en el sofá de su casa, el día que celebrábamos su cumpleaños. Creo que le va estrecho, pero lo está estirando, jajaja.


Hacía tiempo que tenía ganas de hacer una cesta de lana, para poner el proyecto en el que estoy trabajando y me decanté por una de We are knitters en color verde (a juego con la alfombra y una pared de mi comedor – bueno, más o menos). Me emocionó tanto hacerla, que luego hice otra con un material raro de colorines que compró mi madre y se la regalé a ella. Voy a seguir haciendo cestas de tamaños y colores variados, creo que son muy resultonas y útiles, además de sencillas de hacer. (No sé dónde tengo la foto de la cesta verde, ya aparecerá).


Y, finalmente, otro proyecto de We are knitter, esta vez de su segundo libro, que me trajeron los Reyes. En su momento, marqué con un post-it varios proyectos que quiero hacer y éste ha sido el primero: un pañuelo Morocco en rojo y marrón, que creo que me ha quedado un poco demasiado largo por un lado. Además, como ya me ha pasado con otros patrones de WaK, o yo no lo entiendo bien o el patrón no corresponde con el dibujo o el resultado final que muestran. Así que al final, a partir de su patrón, lo modifiqué un poco para conseguir el resultado que yo quería.


martes, 17 de marzo de 2015

La caja de las muestras

Creo que lo he contado alguna vez: empecé a tejer dos semanas de defender mi tesis doctoral, como método para relajarme, para olvidarme de lo que se me venía encima, de no pensar al menos durante un ratito cada día que estaba a punto de jugarme mis últimos diez años de trabajo investigador en sólo un par de horas. Fue una terapia alucinante, que me enganchó a las agujas y me descubrió todo un mundo que me encanta, aunque mucha gente no lo entiende (sin ir más lejos, conozco a una gafapasta por ahí que me puso por escrito lo de “lo que tienes que hacer es tejer menos y salir más”. Sí, voy).

La cuestión es que de eso hace ya dos años y medio y, a pesar del poco tiempo transcurrido, creo que he evolucionado mucho como tejedora. Al principio fui impaciente, quería acabarlo todo ya. Empezar un proyecto y tenerlo en mis manos listo en un plis. Y eso es imposible en el mundo de las agujas. Está claro que hay proyectos más largos que otros, pero siempre, siempre requieren una cierta dosis de paciencia, de saber encontrar los tiempos, de saber esperar a ver completado un proyecto. No siempre es posible tejer todo lo que una quisiera, ni a la velocidad deseada.

Como decía, antes era impaciente y, al principio, nunca hacía una muestra. Una muestra es simplemente probar la lana que vas a usar con las agujas que vas a trabajar y compararla con la muestra que describe el patrón. Es una manera de asegurarte que, si sigues un patrón de una talla determinada, conseguirás el resultado esperado. Al principio, en realidad, no las necesitaba: para tejer bufandas y cuellos, se puede improvisar sin problema. Pero con el tiempo, me di cuenta que tejer la muestra me servía de mucho, no sólo para comprobar que las cosas van a salir bien, sino para familiarizarte con la lana y los puntos. La cuestión es que, a lo tonto, empecé a tejer muestras (que es lo que toca) y las tenía por ahí dispersas. Un día pensé que sería mejor tenerlas todas juntas. Primero pensé en engancharlas en un cuaderno, hacer uno personalizado, del tamaño y tipo de páginas adecuado, en plan scrapbooking. Pero yo de eso no sé nada y necesitaba algo más inmediato. Luego recibí como regalo un libro y mi cuaderno de deseos dentro de una caja floreada (del tamaño de una caja de zapatos) y, pocos días después, decidí que la caja era perfecta para guardar muestras.

Así que fui buscando las muestras que tenía por ahí y… bueno, no son tantas, pero ya tengo algunas. A cada una le he ido enganchando una etiqueta de la lana con la que están tejidas y otra etiqueta con información sobre la muestra (número de puntos, número de vueltas y tipo de punto). Primero las etiquetas fueron sólo hojas de papel. Después intenté conseguir algunas más bonitas, pero de lo que vi, nada me convenció. Así que, al final, me hice yo misma las etiquetas, con papel de carta azul que tenía por casa y washitape. La caja, además, cabe perfectamente en mi mueble del comedor, así que me parece un elemento decorativo maravilloso.

Tengo ganas de ver cómo se va llenando la caja. En las fotos, la caja. Y las muestras.


 



jueves, 5 de marzo de 2015

Jersey y mitones

Lo bueno de tejer varios proyectos largos a la vez es que, de repente, un día, los vas acabando todos y parece que tejes rapidísimo. Pero no.

En poco tiempo he acabado dos jerseys, el Bite Sweater de mi hermana la gafapasta, y este jersey en punto ajedrez que traigo por aquí hoy. Vi el patrón de este jersey en una revista que tenía mi madre un día el año pasado. Y, tras comprobar que más o menos entendía el patrón y lo veía realizable, lo quise para mí. Compré la lana entonces y, viendo que era un proceso largo (y tras el frustrante primer intento de jersey, que al final tuvo un final medio feliz), decidí empezarlo en verano para tener listo para este invierno.

Sí, sí, el verano pasado.

Obviamente no es lo único que he tejido este tiempo, pero sí que ha sido un proceso largo.  Afortunadamente, ya me conciencié de ello, así que poco a poco iba haciendo, sin agobiarme, sin desesperarme, pero tampoco sin dormirme. Y poco a poco tuve lista la espalda, luego el delantero, luego una manga, luego la otra, luego un trozo de la capucha y luego otro. Y entonces, cuando llegas a ese punto, te das cuenta de que necesitas a un experto en puzles para conseguir convertir todos esos trozos en (algo parecido a) un jersey.



Sorprendentemente, me puse a coserlo y sí, finalmente ¡se convirtió en un jersey! Con capucha. Y, aún más sorprendente aún, me va perfecto de talla. Y me encanta, lo adoro, es calentito pero no pesa nada de nada.

Y como me sobraba mucha lana, aproveché a tejer unos mitones a juegos, cuyo patrón lo saqué del primer número de la revista de Pearl Knitter. Un proyecto cortito, rápido y estupendo para aprovechar restos de lanas. Yo sé de una que ya me ha pedido unos para ella (guiño, guiño, ¿eh, gafapasta sister?).

En las fotos, el jersey y los mitones. Este jersey es como el vestido ese del otro día: las fotos no reflejan su color real. La más parecida es la foto de la foto del móvil. El color (casi) real es el del fondo.

Y, como es jueves, ¡nos vamos a RUMS!





jueves, 19 de febrero de 2015

Bite Sweater

Desde que me he enganchado a esto de tejer con dos agujas, me dedico a navegar por la red buscando información, ideas y patrones para mis proyectos. Y realmente hay una cantidad increíble de cosas. Es agradable ver que hay más gente compartiendo la misma locura, la verdad. En una de esos paseos virtuales, recalé en la página de Pearl Knitter.

Pearl Knitter es un proyecto de dos sevillanas, Asunción y Clara, madre e hija, en el que se aúnan todo eso que voy yo buscando por la red: ideas, información y patrones, además de una tienda online. Me suscribí a su lista y un buen día descubrí una iniciativa que me atrajo desde el primer momento “¿Tejemos juntas?”. La idea era formar un grupito de varias tejedoras, cada una en su ciudad, pero todas tejiendo el mismo proyecto pero en distintos colores, un jersey, el Bite Sweater. Me lo pensé un poco antes de apuntarme, porque en teoría era para tejerlo en dos semanas (ejem, ejem) y a mí me pillaba un viaje por el medio (qué raro). Pero al final me animé y me apunté.

En un principio pensé el hacerme el jersey para mí, pero con esto que se acercaban los grandes fastos del cumple de mi hermana la gafapasta, decidí hacerle un regalo. Hasta le dejé escoger el color, aunque ella escogió el que yo misma ya había pensado par a mí: vino. Y así fue como empezó una aventura que duró más de dos semanas (claro, pero qué bien) en la que a través de correos y de un grupo en facebook fuimos progresando todas en nuestros jerseys, cada una a nuestro ritmo, cada una con nuestros problemas (hay, qué duro es deshacer y volver a hacer). Pero siempre contando con el apoyo de Asunción y Clara, que nos han ayudado a todas a conseguir acabar nuestros jerseys de una manera más que satisfactoria. ¡Muchas gracias por todo vuestro apoyo!

Me lo he pasado estupendamente tejiendo en compañía. Por un lado me picaba ver cómo otras avanzaban más que yo, por otro me encantaba ver cómo poco a poco el jersey cogía forma. Por no hablar de los días que me he hostilizado por no poder tejer ya que estaba por ahí de reuniones. Pero bueno, al final esto es un hobby y hay que hacerlo cuando una puede (“Mamá, soy muy adicta a las agujas”, le dije ayer a mi madre. “No me digas nada, ya sé yo lo que enganchan”, me contestó ella). También me he reído mucho con mi hermana, cuando le pedía por whatsapp que se midiera partes de su cuerpo para poder continuar avanzando y se medía mal, así que tenía que enviarle esquemas clarificadores como éste:


El jersey ha quedado tan bonito que me lo hubiera quedado yo.

Pero una promesa es una promesa y mi hermana ya lo tiene en su poder. Y ya lo ha estrenado. Espero que lo disfrute mucho.

Cualquier día me hago yo uno igual para mí, qué os pensáis.

Las fotos son regulares, las hice rápido y mal. Los colores de verdad son los de la primera foto. La segunda la he dejado en blanco y negro, porque salía en azul. Misterios de la fotografía digital.





martes, 27 de enero de 2015

Una chaquetita

La gente de mi entorno se reproduce a un ritmo más rápido del que mis agujas pueden soportar. Así, sólo de vez en cuando (una vez al año), soy capaz de preparar un regalo para algún bebé que nace a mi alrededor con mis propias manos, bueno, con mis propias agujas.

Hace cosa de un año, me atreví con una mantita. Ahora, me he atrevido con una chaquetita (ah, esos diminutivos…). Y sí, he sido capaz de acabarla a tiempo para que el pequeño que será su dueño, que nació casi, casi a la vez que este 2015, pueda utilizarla en este invierno frío. No es perfecta, no es una gran obra maestra, pero estoy contenta de haberla acabado a tiempo y bastante orgullosa de haber sido capaz de tejerla.

La chaqueta es obra mía. Los botones, de la bolsa con mil botones que tiene mi madre en su casa. Ni idea de dónde han salido.



jueves, 21 de agosto de 2014

Un gorro

Hace unos meses, un día decidí que quería aprender a coser con máquina de coser. Mi madre tiene una y sabe, así que me dio un par de lecciones y pasé un buen rato dándole al pedal (eléctrico). Desde entonces, tenía ganas de hacer algo, algún proyecto de novata total, para perderle el miedo a la máquina. Así que cuando vi en el blog de Miso un gorrito, me pareció el proyecto ideal: hecho con telas recicladas, sencillo y útil. Yo soy muy de gorrito en la playa y aunque tengo un sombrero maravilloso que me encanta, también tengo un gorro (bueno, dos) de este estilo que me gusta.

Así que ahí me puse, con un pantalón viejo de mi hermana la gafapasta y una camiseta vieja mía (que tenía ya agujeros, pero me daba pena tirar), me lancé a la aventura siguiendo el patrón. Y gracias a la inestimable ayuda de mi madre (el que ideó cómo poner el hilo en una máquina de coser supongo que estará ardiendo en el infierno, qué complicación), en unas pocas horas conseguí este gorro reversible.

¡Tachán!



 


Tiene fallos, mucho. El primero la elección de la tela: es muy fina, de camiseta barata, pero es taaaan bonita que no la podía tirar. Además, es un gorro de prueba y, para ser mi primer proyecto con la máquina de coser, ha salido medianamente decente. Sólo usé una pernera de un vaquero. Tengo tres perneras más que aprovechar, así que creo que habrá más gorritos. Eso sí, dentro de un tiempo, que coser a máquina es agotador y necesito un descanso. Jeje.

Ayer ya lo estrené en la playa. Día de cielos grises y mares verdes.


Y como es jueves, ¡me voy a RUMS!

jueves, 10 de julio de 2014

Mint tee

Ya he hablado de We are knitters antes, en concreto aquí, cuando enseñé el primer jersey que tejí, hace un par de meses. Hasta ahora, no había comprado ninguno de sus kits para tejer, pero cuando descubrí el Mint tee decidí que tenía que ser mío. Me gustaba mucho la combinación de colores que aparecía en su web, pero a mí el color mint, vamos, el verde clarito, no creo que me quede especialmente bien, así que los invertí. Soy más de colores cálidos y fuertes que de colores fríos y tonos pastel.

Y ahí me puse, a tejer con las agujas. Y no puedo estar más orgullosa del resultado: mi camiseta perfectamente imperfecta. Porque sí, cada vez que la veo le encuentro algunos fallitos, pequeñas trampas y cosas que debería haber hecho un poco mejor. Pero no puedo olvidar que la he hecho yo. Y sólo por eso me encanta. Además, creo que es cuestión de tiempo, cada vez me irán saliendo mejor estas cosas. Espero.

En teoría, la talla del kit era una 38/40 y compré un ovillo de más por si acaso. Lo he utilizado en parte y sin modificar nada en el patrón, así que supongo que salió mi talla (42) porque tiendo a tejer bastante suelto. En cualquier caso, me va perfecto, holgadito.

Me ha gustado mucho la calidad del algodón, ha sido un placer trabajar con él. Los colores también son preciosos y las agujas de madera (las primeras que tengo) me han resultado muy agradables de usar, además de que son muy bonitas. El único pero es el precio de estos kits: son caros, sí, por eso no me compraré un kit cada día, ni cada mes, pero de vez en cuanto hay que darse algún capricho.

Y como es jueves, me voy a RUMS, por primera vez en este blog. ¡Espero que no sea la última!




martes, 15 de abril de 2014

Mi primer jersey

Por fin he tejido un jersey.

¡Aleluya!

Ya estaba bien de bufandas, gorros y mantas, tenía que dar el paso, lanzarme.

Según cómo se mire, tejer este jersey me ha llevado muchos meses o sólo un par de semanas.

Yo quería tejer un jersey, en concreto éste. Pero…

Pero era demasiado difícil para mi nivel. Y se me fue de las manos. Sí, casi lo acabé, tenía todas sus partes: parte delantera, espalda, mangas. Hasta la capucha y parte del bolsillo delantero. Pero no era lo que yo quería, no era el jersey que yo quería. Tenía muchos, muchos fallos de principiante. No hablo de puntos erróneos o puntos perdidos, aunque de eso también tenía. Pero no había escogido la lana adecuada para este patrón. No había calculado bien los tamaños. No había tomado las medidas correctas. Así que tenía un jersey gigantesco, que pesaba algo así como una tonelada, con muchos fallos que hacían que me dolieran los ojos y que sabía que no me iba a poner nunca. Y tenía que tomar una decisión: o lo acababa o lo deshacía. Y así estuvo, casi acabado, pero sin rematar, durante muchas semanas. Qué digo semanas. Yo creo que pasaron meses. Y un día dije: “Hasta aquí. Bye, bye primer jersey imposible”. Y lo deshice. Porque sabía que hasta que no acabara con él, hasta que no lo deshiciera, no empezaría con otro, no podría dar un paso más.

Y lo deshice.
De eso hace apenas dos semanas. Y en estas dos semanas, transformé en esos metros y metros de lana en un jersey.

En sólo dos semanas.

Tenía claro lo que quería: necesitaba algo fácil de hacer, algo que no me complicara la vida, algo que pudiera acabar en un plazo razonable de tiempo (pero… ¡¡dos semanas!!) para sentirme capaz de retos tejedores mayores.

Así que me sumergí en el libro de We are knitters (“All the happiness in a book”) que me trajeron los Reyes Magos y busqué un patrón sencillo y que me gustara. Y me puse manos a la obra, saltándome otros proyectos que tengo empezados, otras cosas que eran más urgentes.


Y, dos semanas después, salió esto:


Mi primer jersey tejido.

Flipo.

No sólo me cabe, sino que encima me va bien de talla. Ni gigantesto ni diminuto. Me va bien.

Vale, no es perfectísimo. Vale, tiene algunos fallos. Pero son cosas que mejoraré en próximos jerséis, en próximos proyectos.

Ahora está listo, finiquitado, acabado.

Ah, y adoro el punto de arroz. ¿Por qué hasta ahora no había tejido nada con él? No lo sé, pero me encanta. Mucho, mucho.


El jersey sólo tiene una pega: tendré que esperar a que vuelva el invierno para ponérmelo. Y quedan muchos meses. Pero qué remedio.